Observa cómo el viento se enhebra entre collados y bosquetes, y coloca puertas, ventanas y aleros para amortiguar rachas y capturar calor. Un ángulo bien pensado reduce corrientes internas, protege el hogar, y permite que el sol invernal penetre profundo mientras el estival se filtra suavemente bajo aleros generosos y conscientes.
La montaña habla a través del agua. Un zócalo de piedra con canales de drenaje, grava bien graduada y escalonamientos discretos evita capilaridades y heladas traicioneras. Eleva la madera sobre durmientes, separa tierra y estructura, y deja que la lluvia encuentre su camino sin tocar muros, como un visitante educado y ligero.